Diálogo con mi Otro

-- El Lenguaje es el camino y la Poesía el atajo.
-- ¿ Te parece que es así ?
-- Seguro. Pero, ¡atención! en el atajo nos encontramos con lo inesperado del sendero. Todo pedrusco tosco.
-- ¡Furtivo risco! Te agrego que el poema-travesía requiere de un esfuerzo descomunal para poder levantar el velo del horizonte.
-- Velo... velo... rugoso acre. Nos obliga a revisitar todo de nuevo. Engendrar cordeles.
-- ¡ Reeducarnos ?
-- Si. Se espera siempre que la poesía desenvuelva aquello diferente que no está a la vista de lo que seduce la acción de los hombres.
-- ¿ De qué materia está hecha la seducción de los hombres ?
-- Se hace muy difícil percibirla. Seguramente, en una anómala época de improbidades, lo único que pueda salvarnos es abrir caminos con la poesía.
-- ¿ Volveremos a la senda de Homero ?
-- ¿¡... !?
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POESÍA ESPECTRAL

Nos orienta, para la composición poética, a usar el más amplio espectro del discantar y la atrevida recién llegada voz del reflejo.
Más el formato, que la sumisa matriz.
Más el cómo de la armonía, que el qué de la melodía.
Más arquitectura vegetal, que materia rústica.
Ni gongorizar ni estar en la vena lugoneante del realismo residual
Hacia una quebradura doble de la palabra y la sintaxis en cautiverio.
La del sueño.
La de la dermis simbolizable.
La de los significantes indulgentes.
Algún día caerá la viruta impresionista de la forma,
y todo será refinado fundamento,
asunto,
luz.

sábado, 3 de julio de 2010

Cifra


Cuando escribo siento el riesgo de estar flotando encima de un abismo y a punto de caer.

Esto de escribir siempre es un riesgo. Scriptum. Escritor. Escribiente. Escrutador. Escrachador.
Escribas eran los clérigos de la edad media que escribían documentos por encargo. Cursitores.

Trabajaban también en los monasterios medievales los monjes amanuenses, llamados “iluminadores”, pero siempre lo hacían para otros.

Todos ellos eran subscriptores porque subscribían a algo preestablecido. Pero con el renacimiento llegaron los que creaban algo de la nada.

En España se les llamaba chupatintas o apuntadores a los primeros, y memorialistas a los que llegaron luego para trabajar con su propia evocación.

Plasmaban en la hoja en blanco la ideografía que surgía “al correr de la plumada”. Manuscribir.
Una sagaz definición sobre el escritor que suele encontrarse en “El Rastro” de Madrid, afirma que es “aquel que llena los blancos en las renglonaduras”. Hermosa, porque habla de aquel que pone ideas en los vacíos de la vida.

Pero es necesario defender la más sublime definición que utiliza Borges: Cifrador. Porque “cifrar” nos da exactamente la literaria idea de plasmar y traducir símbolos que son pensamientos. Significados y significantes. ¿Tendrá alguna relación La Cifra, esa canción pampeana cantada a contrapunto que proviene de Andalucía, con coplas acompañadas de guitarras?
En su inequívoca pasión por defender la lengua como parte de la nacionalidad, en Granada se puede asistir a una Universidad de Interpretación. En medio de la envidia, uno llega a pensar que sí, que escribir es interpretar; que escribir no sólo es la buena redacción, sino principalmente la cabal estética de contar ideas. Y quiéralo o no, la estética es siempre singular de cada individuo, y por lo tanto, no puede enseñarse, sino que cada borrico debe aprenderla por sus propios medios.

Así como no puede decírsele a un pintor cómo debe pintar un espejo, tampoco se le puede enseñar a Alicia, “en el país de la maravillas”, cómo atravesarlo.
Si bien el oficio de cifrar, puede llegar a tener un costado de vicio contraído, la impotencia del ágrafo no le va en zaga, si de vicios hablamos. En la lectura está el secreto. Lo mejor es ser un buen lector antes que un escritor.

Vamos a precisar: mejor que ser un escritor que lee, es mejor ser un lector que escribe. Pero, entre ambos, sobrevuela siempre la vanidad, esa funesta jactancia. Si hablamos de la profundidad de la ideas escritas, convendría decir que la vanidad tiende a cerrar las heridas y su dolor, mientras que la escritura con modestia, que es la de la celebridad, quiere mantenerlas bien abiertas. Tal vez para permitirnos la motivación principal de la substancia. Es como un tango. La permanencia del dolor. Escuchamos siempre el mismo tango y no nos cansamos de oírlo. “Por ser bueno, me afanaste el mercadito, me dejaste en la miseria, te llevaste hasta el colchón. Chooorra, vos tu vieja y tu papá”. Este es un personaje de un melodrama que está viajando hacia el desgarro, porque para completarla, hunde un dedo en su herida, en su yo, para que no cierre nunca y hacerse culpable de todo: “…y lo que más bronca me da es haber sido tan gil”.
Muchos escriben para cerrar las heridas, mientras que otros lo hacen para que sigan abiertas, para recordar su queja y no perder la memoria de lo mustio.

Aprendieron que mejor que encontrar veraces respuestas, es mejor sostener el plañidero lamento de las incertidumbres.
Juan D
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3 comentarios:

  1. Me gusta leerte Juan, me devoro toda la lectura, no sé, tienes ese don...y esta entrada tiene muchas cosas interesantes, y me quedo con esa frase que tan bien describes: Vamos a precisar: mejor que ser un escritor que lee, es mejor ser un lector que escribe." Y tambien le agregaría "porque experimento la lectura"...;-)

    Un gran abrazo para tí y que tengas una bella semana!!

    Ali

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  2. ............
    escribo por ignorar/que alguna vez habré muerto/ o tal vez-futuro incierto-/ por la vida arguyo un verso/ espasmódico, apurado/ inspirado en tu lectura/ amigo, escritor. Signatario/
    (Isabel Zelaya)

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  3. Cuánta sencillez encierran tus palabras,

    Patricia

    http://nogaldevida.blogspot.com/

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