Diálogo con mi Otro

-- El Lenguaje es el camino y la Poesía el atajo.
-- ¿ Te parece que es así ?
-- Seguro. Pero, ¡atención! en el atajo nos encontramos con lo inesperado del sendero. Todo pedrusco tosco.
-- ¡Furtivo risco! Te agrego que el poema-travesía requiere de un esfuerzo descomunal para poder levantar el velo del horizonte.
-- Velo... velo... rugoso acre. Nos obliga a revisitar todo de nuevo. Engendrar cordeles.
-- ¡ Reeducarnos ?
-- Si. Se espera siempre que la poesía desenvuelva aquello diferente que no está a la vista de lo que seduce la acción de los hombres.
-- ¿ De qué materia está hecha la seducción de los hombres ?
-- Se hace muy difícil percibirla. Seguramente, en una anómala época de improbidades, lo único que pueda salvarnos es abrir caminos con la poesía.
-- ¿ Volveremos a la senda de Homero ?
-- ¿¡... !?
.
.
.

POESÍA ESPECTRAL

Nos orienta, para la composición poética, a usar el más amplio espectro del discantar y la atrevida recién llegada voz del reflejo.
Más el formato, que la sumisa matriz.
Más el cómo de la armonía, que el qué de la melodía.
Más arquitectura vegetal, que materia rústica.
Ni gongorizar ni estar en la vena lugoneante del realismo residual
Hacia una quebradura doble de la palabra y la sintaxis en cautiverio.
La del sueño.
La de la dermis simbolizable.
La de los significantes indulgentes.
Algún día caerá la viruta impresionista de la forma,
y todo será refinado fundamento,
asunto,
luz.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Muchas felicidades


-- La utopía está en el horizonte. Caminamos dos pasos y ella se aleja dos pasos. Y el horizonte se aleja diez pasos más allá.
-- Entonces, ¿para qué sirve la utopía? 
-- Para eso, sirve para caminar. 
Eduardo Galeano









sábado, 22 de diciembre de 2012

Cuarzo

.
El cuarzo no se fractura
en su enhiesto cuerpo fluye el equilibrio
que dona a nuestro sentir
la dureza del ónix me envuelve
el blanco como la gubia
que lo hiere
es granito como noble
es libre como de la tierra
es collar que envuelve tu cuello americano
que urge mi afán de Maya
que turba tu pasión lítica.

Se acumulan
se incrustan sus épocas
como capas
unas sobre otras
la memoria de cada era
se abrazan a sus trasparencias
distintas
universales.

El sol potencia su amatista energía
su lactancia meditante
sus estímulos que alejan del mal
cristal del desbloqueo
vibraciones del presentir topácico
prana universal
que apoya en mi chacra
(dos dedos debajo del corazón)
un instante diario
kristallos del aura
que proyecta en tu sien izquierda
(junto a tus trenzas)
el soplo de lo fecundo.

Ya sé que puede guardar secretos
hialina su luminiscencia astral
magma del hielo duro
pendular de sus culpas.
Lo he descubierto
serán de cuarzo diáfano los tiempos futuros
serán de un instante donde se reúnan todos los tiempos
y tu yo y mi tú tornarán fosilizados
eternos sílices.   
Juan Disante - 21/12/12
El día después.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Te diría

 
te diría lo ya dicho
la adversidad de la simetría
la huída de la línea
esa vieja cantinela
que me ha sido dada
en las vísperas de la derechura
donde no quise echar por el atajo
en tanto grito fue el pregón de la certeza
en cuanto aquello recto no era tu mirada
apenas lo tieso
por estas horas todo es ondulante
los huecos se atestan
las curvas y la bruma están por ello
descaminando el paso de mis celos
en cada rebeldía
en cada pliegue
destorcer mi vida
desalinear mi todo
cuando verso

                                                                                                                                                Juan Disante

sábado, 10 de noviembre de 2012

Palabras



Siempre me dio por coleccionar palabras.
Otros juntan estampillas, peinetones antiguos o corchos retocados. No es mi caso. 
A mí me subyugan determinadas palabras.
Me las voy encontrando por el camino.
A veces en la reflexión.
Y también las tropiezo en el mercado o en cualquiera de esas audiciones de radio donde el locutor las deja caer, y ahí quedan abandonadas y sin destino.
Ya tengo varios frascos llenos que ocupan toda la alacena del altillo. 
Y creo que voy a tener que habilitar otro lugar.
De vez en cuando, especialmente los domingos por la mañana en que toda mi familia duerme, doy vuelta los recipientes sobre una mesa y las reviso.
Las miro,
las huelo.
Las pongo a contraluz y las comparo.
Y siempre me las llevo al oído para escuchar sus cadencias cuando las agito.
Responden al tacto de bordonas singulares.
Al sesgo único de cada alma.  
Como “guaino”, que en realidad expresa un son musical pero que, al principio ya sonaba cadenciosa, conforme me dijo la señora que me la obsequió.
O como “abedul” que, por más que no quieran, fue el germen de todas las abedulinas, o si fuéramos más lejos, el abedular;
En todo caso por aquello que al principio fue sólo el verbo.
A algunas las fui descartando por frágiles, como “deleznable”, porque el sentido que me imprimió al comienzo, se da de patadas con el diccionario.
A decir verdad, suelo disfrutar con “tremolina”, que se las trae.
O “azafrán”, por su giro pajizo.
O con una difícil: “Cardamomo”.
También en un frasco tengo “Viracocha”. ¡Qué hechizo que posee! Sabe a dulce maíz… y a cierta confusión de los orígenes. De tal modo que, quizá algún día, todos los niños a quienes bautizaron Rodrigo, vuelvan a llamarse Viracocha.
¡Vaya a saber!
“Humo” es pingorotuda. Hay que mostrar eréctil los labios.
No es “ahumar” que ya es fatuo.
Pero, desde hace algún tiempo estoy obsesionado con una que me cargué y que, como a un endeblucho lechuguino, me tiene achichonado: “pliegue”. 
La boca, para poder mencionarla, tiene que horizontalizarse hacia los lóbulos en una línea perdida.
Hay que gesticular una reidora por las comisuras.
Hasta donde pude percibir, pliegue es el grácil sesgo de una imagen en la que la luz permite mostrar el claroscuro de sus formas.
Es ahí donde la vida puede apreciarse en toda su contiguidad, porque torna, rola, reaparece. 
Es el punto donde algo se ceña y estría.
Resulta un acaecer para cualquier mortal que desee volverse hacia sí, porque hubo una vez en que dudamos y fuimos débiles. 
Luego nos encontró la embriaguez del almibarado bies de la falda de siempre en busca de la bocamanga trashumante.

¡Qué objeto la palabra!
Las hay gracejas, taimadas, aprobantes.
También menuditas y chuscadas.
Cual misterio de la creación.
El habla.
El amor.
El regreso…
Pliegue… pliegue… pliegue…
Ji… ji… ji…         

Juan Disante

sábado, 27 de octubre de 2012

Dictado por una imagen


En la ciudad oculta entre brumas
dejé mis espejismos
infinitas puestas de sol
un juramento henchido
pletórico de polinizar preñaciones
agudo de preñar polinizaciones.

Luego
Helios
comenzó a levantar por occidente
y encalabrinado
dejé
de sentarme
en la puerta de un tango
a perseverar.
Juan Di

lunes, 15 de octubre de 2012

Hacela corta


¿Con qué se emparda ese costado de Buenos Aires por donde se va la letra?
¿Qué quisiera decir aún Borges desde ese métrico heptasílabo tan rioplatense, tan catastro?
¿Cuáles son las palabras con las que nos gusta potrerear como purretes traviesos  que somos?
Lo sabido es dejar madurar la yapa de este arrabal de la melopea sudamericana,
fichar que lo esencial está fuera del cacumen de la academia,
tal vez en un adjetivo deshabitado
que está en ablande
en un aguantadero bagayero.  
Ese adjetivo único que intenta reunir el  alma oculta de la cosa,
ese adjetivo que acompaña a los bandoneones bajando del suburbio,
ese adjetivo que destituye lo malmandado de lo “profundo”,
que trata de encontrar la punta del chicote,
que intenta gambetear el orden cronológico lineal,
a los ponchazos.
Los mitos del siglo XX se desploman a biandazos,                                               
no conservan su declamada potencia,
están en el franeleo.
Las ilusiones frustradas,
la curda,
la desdicha,
la frula,
el raye místico,
el piante,
el fingimiento.
El hinchapelotas tiempo pasado nos persigue,
Arlt, Discépolo y Girondo que la embocaban
se apuraron en dejarnos
mientras nuestra escuela era la velocidad y la desconfianza.
Pero en algún café de Buenos Aires el escritor inventa su nueva forma,
la obra es su mejor gesto,
tamangueamos el empedrado
y la palabra actúa como una zancadilla,
porque aún tenemos la categoría del bolazo,
seguimos embalados con la macana
para desprender la rasca de un golpe.
La construcción,
que lo sepan, la construcción.
Que no se hagan los giles,
carpeteen que estamos habituados al chamuyo mañero
en esta ciudad a la que se le piantan las letras
como metejones,
donde el candombe de la escritura es más importante que el de las pasiones fayutas,
donde pechamos cirujeando deschaves,
donde la mishiadura nos da letra a rolete.

Juan Disante

lunes, 8 de octubre de 2012

Ché memoria


.

Antojadiza memoria

Solemos decir que un recuerdo "viene a la memoria", como si ésta fuese un lugar de acogida. Sin embargo, la memoria --esa argamasa de diversidad-- se encuentra siempre por venir, toda ella está hecha de porvenir. A pesar de nuestra ilusión de firmeza, "las tierras de la memoria" son, al igual que nuestros continentes, itinerantes. Y si seguimos la tentación del significante, si algo caracteriza a la memoria es cierta "incontinencia". Irrumpiendo en los momentos menos esperados, cuando el pasado parece solidificarse, la memoria se cuela, sale a borbotones y chorrea hasta anegar la inmaculada solidez. Incontinente por no poder detener el flujo de recuerdos, pero incontinente también porque no puede darles cabida y rebalsa.

Silvana Rabinovich (Doctora en filosofía) 



Ché memoria

.
Debo confesarte lo inconfesable
esperarte al pie de lo eterno
enterrar lo susodicho
el hacha contra la ley
la insolente eufemia
el estruendo contra el hombre
la protesta contra el vómito

Necesito volver a pasar por tus horas
en algún sitio están los cuerpos
que desarticulan la esencia esdrújula de mi inclusión

las voces íntimas de la reconstrucción nos llaman
me hacen fuerte
la búsqueda de tanto hueso ahuecado
el antónimo de un olvido que ofende.

Si no te supiera frágil no te convocaría
si no fuera incompleta tu indigente escasez
la exigua tozudez de no convertirte en presente
tu vacilación frente a lo banal
tu incapacidad de agotar lo abominable por sí mismo
si no supiera que un hombre recordando
es todos los hombres.

En mi persistente forma de ser sólo humano
quiero volver a pasar por mis aprendidos genes
quedarme con nada en mis cuerpos
enseñarle la puerta al olvido
y que me ayudes a emerger por encima de los sueños
desenterrando mis certezas y miedos
para orillar tu continente de restos.

Te espero en gritos cada siglo
para salir de la noche de esos ojos.
Juan Disante.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Primavera



tú dices que te dice tierra
tú dices que te dice brotes
tan primavera
en los soles
a media noche
de mi invernada vuelvo
a destejer el sépalo del cáliz
y tu habla
vi llegar desde el fondo
el sentir de tanto aromo
tan duermevela
ventoso y hondo
aun adormilada
mi erección asustada
de la aurora abierta
tu habla
mis tics
reoír mis cuándos corporales
en tu fondo
hay un temblor de alondra que besa
donde hay otra tú
deletrearte tus gramáticas
tan girasoles
desnudarte a la alborada
y reescuchar tus dondes
tan cambiantes
tan rizoma


Pintura de Julio Romero de Torres, "La primavera". España. 1925
Autor (en duermevela): Juan Disante 
.

martes, 28 de agosto de 2012

Uva

 




Lo que traen estos pequeños brotes de glicina
son vientos del fin de agosto,
el desborde del sosiego,
la desmesura de lo escaso,
el pecado expiado,
los peces del éter,
la fecundidad de lo yermo,
la primogénita última uva
de aquella próxima vez
en tus labios.

                                                                                                                                             Juan D

domingo, 26 de agosto de 2012

Luz




Juan D
 .

Los grandes ventanales dejan paso
a los pequeños.
La ciudad se retrae de la luz,
arredra
a reculones
en su salto.
La párvula achicadura
convoca al drama
para conjugarlo.

El cactus

                                                                                                                      .
El cactus está allí
solo
cuando decidió volver
ahí está
sin desorden
malcontenta la lechuga
y los espárragos de buen pelo
buena tierra en el cultivo
ni pulgones
ni babosas
ni sapos
ni un día sin riego
despecho de la berenjena
quejas del nabo
el cactus imperturbable
malestar de la cultura
ponerse de mil colores
el labrador inunda con herbicidas
se sienta en la reposera
mira
el huerto en acción de gracias
tomates
cebollas
zanahorias
una nube oculta el sol
el cactus sigue allí
dirigiendo sus filos al más allá
sin pestañear
enterezas.                                                                                                                         Juan Disante
.

domingo, 12 de agosto de 2012

Cuando te vi

                                                                                                                                      .
Cuando te vi sobre las tejas
peleando con el aguila
pensé en la resistencia
en todo aquello
de nuestra patria chica
con sus demandas
comunes
el sarpullido de los 500 años
los alambrados de púas
todo lo turbio

entonces lo vi a Vallejo
a Atahualpa y a Guevara
en el tejado
                     cuando te vi
Juan D - 500 a

sábado, 4 de agosto de 2012

de-se-os

.
.
Somos los deseos que reposan en nuestra memoria
me apuré a pensar
y entre las turbulencias de la jornada
me fui a dormir
con esa desharrapada idea
crédula
desenvuelta
muy parecida a mis golosinas
reticentes.


juan en agosto

viernes, 27 de julio de 2012

La última gota

.
La lluvia esta cesando.
Desde el zaguán espero la caída de la última gota.
Todavía quedan algunas que abandonan la nube final
para estrellarse sobre el vidrio del mirador
o sobre el charquito a mis pies.

Todo amengua.
Cierro mi paraguas,
trato de sorprender a la última,
desprevenida gota.
Asoma el sol.

Con el chaparrón llegando a su fin
siento nostalgias por todas las gotas que ya no son
cayendo transformadas en acequias.
Miles han quedado prendidas de las hojas
dudando en precipitarse.
Miles transfigurarán su vivir.
Miles romperán en oleajes bravíos.

Las nubes se retiran con mi mismo afligir
dejando un cielo brillante.
Estiro mi mano y el rostro hacia el entreabierto celeste
a favor de una postrera
dilatada tardía,
cuando el Olimpo sofoca chasqueante
en triste sacrificio
en desconsolante soledad
la última gota sobre mi frente.
Juan Disante 

sábado, 14 de julio de 2012

Haiku

                                                                          
Aquella vez
había dejado la bicicleta apoyada sobre el muro
para ofrendar a mi abuela un recuerdo.
Al regreso sólo estaba su sombra
y sobre la pared descascarada
escrito un haiku
que hablaba sobre mi futuro.
.
Esta vez
cincuenta  y tres años después
la sombra de mi bicicleta sigue allí
y sobre la pared descascarada
un nuevo haiku
habla sobre mi pasado
y habla sobre mi nieta.

juan disante - invierno/12
Plastica:  Gastón  Garreaud  - Peruano  (1934-2005)

sábado, 16 de junio de 2012

Senso

.

No soy un número en las estanterías

Por las mañanas al levantarme
el mar sacude mis orillas,
las cataratas me contienen,
el viento que rodea mis piernas
se lleva los pantalones.
La lluvia altera todo goce
cuando desde el balcón miro el cielo
buscando gaviotas
desnudo.

Si en todo esto alguien supone sexo,
no está mal,
supone sexo.
En las ramblas de los márgenes
retumba la gran ciudad,
dentro de ella los mercados
desatan sus gritos
sus pasiones.
Los feriantes descargan hortalizas de sus carros,
en sus mandados las señoras
inclinan la cabeza sobre las nabizas,
un joven mira como una joven
aspira el aroma de las frutillas,
las muchachas cohibidas tocan con su meñique
los pimientos rojos.

"Deme medio kilo, pero que sean lindos".

Todo sonríen de felicidad.
La voz de un tenor le canta a Nápoles.
¿Acaso el mar no entrega su sal al piropo perdidizo
del alcachofero?
¿Y el viento no levanta las faldas de las niñas
que compran perejil?
¿No será que la lengua de las cataratas lame el ombligo de las toronjas
y la lluvia eterniza los humedales del género?
Una pareja de perdigueros juguetea al tocamiento.

El erizo alardea de arrullos.

El aroma de la albahaca se mezcla con los del pecorino.
Y el puestero de pescados,
que acaba de abrir una corvina para la parrilla,
sopla un beso al aire que termina cayendo
en una cadera bendecida y ostentosa.
Las aguas salobres y yodadas
mojan los pies de los changadores que cargan cajones
repletos de zanahorias betacaroténicas y remolachas azoradas de osadía
para la piel bronceada de las casaderas.

No soy un número.

No encuentro respuesta a los glotones apetitos
de la ciudad,
sólo reconozco en los íntimos mercados
el dejarse rodear por la libidez de un mar retozón
en olas que acosan la costanera del senso.
Bienoliente mar
que no cabe de travieso
en donde la expansividad del pepino,
la carnalidad del brócoli,
o la coquetería de las achuras
son sólo una excusa para el cariño
de las mañanas juguetonas
del tira y afloja.
Juan Disante

La Paz

Si queremos empezar
a construir la paz
un ladrillo hay que llevar;
una flor un corazón,
una porción de sol,
y estas ganas de vivir...
La colina hay que subir,
nada es sencillo aquí,
y ante todo está EL DRAGON
con su fuego intentará
parar la construcción
pero habrá una solución:
Una flor un corazón,
una porción de sol,
y estas ganas de vivir...  
Víctor Heredia   
.             
               

jueves, 7 de junio de 2012

Lo ya dicho

... y te diría lo ya dicho
la adversidad de la simetría
la huída de la línea
esa vieja cantinela
que me ha sido dada
en las vísperas de la derechura
donde no quise echar por el atajo
en tanto grito fue el pregón de la certeza
en cuanto aquello recto no era tu mirada
apenas lo tieso
por estas horas todo es ondulante
los huecos se atestan
las curvas y la bruma están por ello
descaminando el paso de mis celos
en cada rebeldía
en cada pliegue
destorcer mi vida
desalinear mi todo
cuando verso


viernes, 11 de mayo de 2012

Los Estriberos

.
Qué gusto me da el saludo
tan me tira el botaipotro
y el andar de mis paisanos
como se van en silencio
montados en pelo pampa
por los caminos del anca
son como miles de miles
que siguen un galopeando
si bien se mira de atrás
estribando entre los dedos
calzando la guasca madre
y tirando campo adentro


domingo, 6 de mayo de 2012

Antes del atributo

.
Sopesemos los límites
donde duerme la desnudez
demos un tiento al deslinde
probemos su sabor
palpemos su piel
y su intención
espiemos las afueras desataviadas
el limen de nuestra raya.

Fisgonearemos el carácter
y los silencios de su suburbio.

Luego
más luego
hierba esmeralda
plumoncito de paloma
                                       el adjetivo
desmochado / componedor.     
 Juan Disante / Otoño

domingo, 22 de abril de 2012

Los pájaros extraviados

.
Los pájaros extraviados
se precipitan
en remolinos dispersos
repasan
disgregan
no reconocen a sus pares
tan destemplado gorjeo
en el vuelo no encuentra la travesura
allá
malograda.

Dar la pluma es dejarse disolver,

Empollar es quedar huérfano.

El viento ya no tiene cielo
la metáfora sea lo que fuera
es un acorde más
un yerro.

Perplejos planean
sobre el desbriznado prado
la perdidiza donosura
a favor del brisote abierto
huracanado
a la desbandada.
Juan di

martes, 3 de abril de 2012

Repetir

Se me dijo rasante:
no hay de qué preocuparse
aquello tuyo fue un deslumbramiento
ante el brillo
de una supernova
agónica
donde cada paso marcó un agujero negro.

No se me dijo:
la opacidad del camino se prepara
ante la seducción
que también me arrastra
se oculta
y espera paciente
la noche muda
la finitud
de la cósmica repetición de mis lugares.

Juan di

sábado, 24 de marzo de 2012

Germen

Cuando la palabra no existía en la tierra, todo eran signos.
Reinaban las leyes del universo, y el hombre, sin entenderlas, se avenía a ellas.
El sosiego, el silencio y las equivalencias destacaban.
Entonces el hombre quiso…
Quiso…
Quiso.
Apareció la palabra.
Irrumpió el arado, las medidas, el tarifario, la espada.
El hombre se hizo poderoso, pero ya no podía convivir con la naturaleza sin torcerla.
La consonancia se interrumpió.
La palabra copuló con el silencio, la desazón con el sosiego, lo dispar con la probidad.
El silabario se bifurcó.
Los sustantivos rotaron.
El verbo montó el corcel.
Hoy, el hombre reemprende la búsqueda de lo perdido allá lejos.
El silencio, las señales, la alegoría, el sino.
Allá lejos, la imagen acústica del laconismo
y del germen.
J

Las felicidades

Estallidos de conciencia
eso son
reflejos en el agua
eso son
la completud de esta felicidad
eso son
el humor con que afrontamos
el desmoronamiento
eso son
los castillos de arena
eso son
enfáticos nos quedamos contemplando el rictus
eso
allá ellos la réplica y el lloro
la mueca apurada de la parca
son
el adelantado campanario del cortejo
el sermon final de la sin hueso
eso son.
Juan D

miércoles, 7 de marzo de 2012

Aurora boreal

Tal vez lo sabía y sin recuerdos
que tu aurora boreal era resultado de topetazos
partículas cargadas del riscoso febeo
rosando una piel adulada de magnetismo
en auroras... auroras... auroras.

Tal vez lo sabía y sin apuros
la velocidad que alcanzan esos electrones
donde nuestras miradas de amantes se perdían
tras películas de nitrógeno-oxígeno-pasmo
en hechizos... hechizos... hechizos.

Tal vez lo sabía y sin silencios
tu abolengo nórdico de energía espacial
oculta tras oleadas de soltura y fausto
que me impidieron deshacer la incógnita de tu helios terrenal
en guapuras... guapuras... guapuras.


Juan Disante - Buenos Aires - Fin del estío

martes, 21 de febrero de 2012

Materia inmaterial



Esta fuerza oscura
que me retiene
y cuando se le ocurre
me expande,
cuando quiere me atomiza.
No lo sé,
mi galaxia quiere escapar
del Cúmulo de Coma,
energía oculta
billones de agujeros.
Pero no,
estoy atado al Otro,
esa atracción que me ata
me desrevela.
Girando alocadamente
mi identificación
viene desde antes del amanecer
y quiere estallar
(frente al peso gravitatorio del espejo)
emitiendo luz,
anhelos.
Pero el Otro no me refleja,
no me absorbe
y aunque sí, me atraviesa,
es invisible sin consecuencias encarnadas.
Esas minúsculas cositas subatómicas
curvan mi viaje
en el único lenguaje que no entiendo...
pero intuyo.

Juan Disante

lunes, 30 de enero de 2012

La playa


El verano se ha ido con tus cosas a cuesta.

Sólo me queda barrer las arenas
con un paso enlutado
y encontrar las sombras
de tus perdidos clamores,
tu lápiz labial,
una horquilla,
tus preguntas,
el anillo,
tu esencia preferida,
la discusión sobre el desarreglo.

Tu acaracolada huella mutará mi forma.

Sólo me queda
pedirle al mar que no se la lleve
con la última ola
hasta algún otro cierto
destonado verano.

Juan Disante