Diálogo con mi Otro

-- El Lenguaje es el camino y la Poesía el atajo.
-- ¿ Te parece que es así ?
-- Seguro. Pero, ¡atención! en el atajo nos encontramos con lo inesperado del sendero. Todo pedrusco tosco.
-- ¡Furtivo risco! Te agrego que el poema-travesía requiere de un esfuerzo descomunal para poder levantar el velo del horizonte.
-- Velo... velo... rugoso acre. Nos obliga a revisitar todo de nuevo. Engendrar cordeles.
-- ¡ Reeducarnos ?
-- Si. Se espera siempre que la poesía desenvuelva aquello diferente que no está a la vista de lo que seduce la acción de los hombres.
-- ¿ De qué materia está hecha la seducción de los hombres ?
-- Se hace muy difícil percibirla. Seguramente, en una anómala época de improbidades, lo único que pueda salvarnos es abrir caminos con la poesía.
-- ¿ Volveremos a la senda de Homero ?
-- ¿¡... !?
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POESÍA ESPECTRAL

Nos orienta, para la composición poética, a usar el más amplio espectro del discantar y la atrevida recién llegada voz del reflejo.
Más el formato, que la sumisa matriz.
Más el cómo de la armonía, que el qué de la melodía.
Más arquitectura vegetal, que materia rústica.
Ni gongorizar ni estar en la vena lugoneante del realismo residual
Hacia una quebradura doble de la palabra y la sintaxis en cautiverio.
La del sueño.
La de la dermis simbolizable.
La de los significantes indulgentes.
Algún día caerá la viruta impresionista de la forma,
y todo será refinado fundamento,
asunto,
luz.

sábado, 27 de octubre de 2012

Dictado por una imagen


En la ciudad oculta entre brumas
dejé mis espejismos
infinitas puestas de sol
un juramento henchido
pletórico de polinizar preñaciones
agudo de preñar polinizaciones.

Luego
Helios
comenzó a levantar por occidente
y encalabrinado
dejé
de sentarme
en la puerta de un tango
a perseverar.
Juan Di

lunes, 15 de octubre de 2012

Hacela corta


¿Con qué se emparda ese costado de Buenos Aires por donde se va la letra?
¿Qué quisiera decir aún Borges desde ese métrico heptasílabo tan rioplatense, tan catastro?
¿Cuáles son las palabras con las que nos gusta potrerear como purretes traviesos  que somos?
Lo sabido es dejar madurar la yapa de este arrabal de la melopea sudamericana,
fichar que lo esencial está fuera del cacumen de la academia,
tal vez en un adjetivo deshabitado
que está en ablande
en un aguantadero bagayero.  
Ese adjetivo único que intenta reunir el  alma oculta de la cosa,
ese adjetivo que acompaña a los bandoneones bajando del suburbio,
ese adjetivo que destituye lo malmandado de lo “profundo”,
que trata de encontrar la punta del chicote,
que intenta gambetear el orden cronológico lineal,
a los ponchazos.
Los mitos del siglo XX se desploman a biandazos,                                               
no conservan su declamada potencia,
están en el franeleo.
Las ilusiones frustradas,
la curda,
la desdicha,
la frula,
el raye místico,
el piante,
el fingimiento.
El hinchapelotas tiempo pasado nos persigue,
Arlt, Discépolo y Girondo que la embocaban
se apuraron en dejarnos
mientras nuestra escuela era la velocidad y la desconfianza.
Pero en algún café de Buenos Aires el escritor inventa su nueva forma,
la obra es su mejor gesto,
tamangueamos el empedrado
y la palabra actúa como una zancadilla,
porque aún tenemos la categoría del bolazo,
seguimos embalados con la macana
para desprender la rasca de un golpe.
La construcción,
que lo sepan, la construcción.
Que no se hagan los giles,
carpeteen que estamos habituados al chamuyo mañero
en esta ciudad a la que se le piantan las letras
como metejones,
donde el candombe de la escritura es más importante que el de las pasiones fayutas,
donde pechamos cirujeando deschaves,
donde la mishiadura nos da letra a rolete.

Juan Disante

lunes, 8 de octubre de 2012

Ché memoria


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Antojadiza memoria

Solemos decir que un recuerdo "viene a la memoria", como si ésta fuese un lugar de acogida. Sin embargo, la memoria --esa argamasa de diversidad-- se encuentra siempre por venir, toda ella está hecha de porvenir. A pesar de nuestra ilusión de firmeza, "las tierras de la memoria" son, al igual que nuestros continentes, itinerantes. Y si seguimos la tentación del significante, si algo caracteriza a la memoria es cierta "incontinencia". Irrumpiendo en los momentos menos esperados, cuando el pasado parece solidificarse, la memoria se cuela, sale a borbotones y chorrea hasta anegar la inmaculada solidez. Incontinente por no poder detener el flujo de recuerdos, pero incontinente también porque no puede darles cabida y rebalsa.

Silvana Rabinovich (Doctora en filosofía) 



Ché memoria

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Debo confesarte lo inconfesable
esperarte al pie de lo eterno
enterrar lo susodicho
el hacha contra la ley
la insolente eufemia
el estruendo contra el hombre
la protesta contra el vómito

Necesito volver a pasar por tus horas
en algún sitio están los cuerpos
que desarticulan la esencia esdrújula de mi inclusión

las voces íntimas de la reconstrucción nos llaman
me hacen fuerte
la búsqueda de tanto hueso ahuecado
el antónimo de un olvido que ofende.

Si no te supiera frágil no te convocaría
si no fuera incompleta tu indigente escasez
la exigua tozudez de no convertirte en presente
tu vacilación frente a lo banal
tu incapacidad de agotar lo abominable por sí mismo
si no supiera que un hombre recordando
es todos los hombres.

En mi persistente forma de ser sólo humano
quiero volver a pasar por mis aprendidos genes
quedarme con nada en mis cuerpos
enseñarle la puerta al olvido
y que me ayudes a emerger por encima de los sueños
desenterrando mis certezas y miedos
para orillar tu continente de restos.

Te espero en gritos cada siglo
para salir de la noche de esos ojos.
Juan Disante.