Diálogo con mi Otro

-- El Lenguaje es el camino y la Poesía el atajo.
-- ¿ Te parece que es así ?
-- Seguro. Pero, ¡atención! en el atajo nos encontramos con lo inesperado del sendero. Todo pedrusco tosco.
-- ¡Furtivo risco! Te agrego que el poema-travesía requiere de un esfuerzo descomunal para poder levantar el velo del horizonte.
-- Velo... velo... rugoso acre. Nos obliga a revisitar todo de nuevo. Engendrar cordeles.
-- ¡ Reeducarnos ?
-- Si. Se espera siempre que la poesía desenvuelva aquello diferente que no está a la vista de lo que seduce la acción de los hombres.
-- ¿ De qué materia está hecha la seducción de los hombres ?
-- Se hace muy difícil percibirla. Seguramente, en una anómala época de improbidades, lo único que pueda salvarnos es abrir caminos con la poesía.
-- ¿ Volveremos a la senda de Homero ?
-- ¿¡... !?
.
.
.

POESÍA ESPECTRAL

Nos orienta, para la composición poética, a usar el más amplio espectro del discantar y la atrevida recién llegada voz del reflejo.
Más el formato, que la sumisa matriz.
Más el cómo de la armonía, que el qué de la melodía.
Más arquitectura vegetal, que materia rústica.
Ni gongorizar ni estar en la vena lugoneante del realismo residual
Hacia una quebradura doble de la palabra y la sintaxis en cautiverio.
La del sueño.
La de la dermis simbolizable.
La de los significantes indulgentes.
Algún día caerá la viruta impresionista de la forma,
y todo será refinado fundamento,
asunto,
luz.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Portones

.
En el futuro lecho ante mi
veo
montículos de turba
vetas tal vez duelistas
que nos atraviesan.
Cabildo
Embarazos sin éter
trapisondas áureas
atolladeros estancos
que vejan
que nos vejan.                                                                         
Y veo portones...
portonazos de Buenos Aires
de enormes llaves inviolables
de legendarios anales
de luchas ciudadanas.
Portones
que al menor pedido
de mediaciónamparosocorro
se abren.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Un de facto en navidad

.
Poetizas tu instante
y la turbieza del pasar
y el trasluz de la forma
y el meollo del estar                         
y el me parece
y tu singular.

Porque cuanto menos digas
+ profunda serás.
Cuantas menos palabras
uses
+ te acercarás al significante,
tuyo.
Tu sentido vuelta y vuelta. 


Dedicado a mi querida poetiza Virginia Perrone,
"Una ramita, una gota, un pájaro
hacerse liviano bajo la luna"
Tan breve ella, tan contundente y argentina como mi propio sentir. Frecuentarla eternamente en: http://virginiaperrone.blogspot.com
Por siempre, Juan Disante 
.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Tacones y cielo

Obra/instalación del artista japonés Kohei Nawa

Por el pasillo largo y silencioso
llegarás
golpeteando tus tacones
en una esfera comba 
como tus pasos
y sentiré tu llegada 
en la misma puerta de la ciencia pura
toc... toc...

medirás las horas
de nuestros estudios de laboratorio
pero las arenas del reloj detendrán su torbellino
tu caminar inquieto retumbará en el espacio
toc... toc...
entonces veré
un universo tan curvo y musical
como tu taconeo  
Juan Disante
.

Lo suyo al después


                         con anterioridad
en el instante en que a la misma hora suenen los relojes
el legado dispondrá el tiempo
                   nuevo
el transcurso proveerá
el antes dirá el fue
subseguirá a la zaga
el porvenir habrá sido retardado precedente
                   a ultimidad
la memoria sucederá
... ... ...
como preámbulo
                            
Juan Disante - Buenos Aires

sábado, 6 de septiembre de 2014

Sal

                .
Si no tuviera la doliente realidad sobre mi tierra
cómo convertiría mi palabra en vino
refundiría mi mesura en Baco
me bastaría estupefactar tu rulo.
 
Cómo la orilla puede ser el toque
de una sal de cinco continentes
que el cristal marino nos simetre
mondo y lirondo el verbo terco

Se hace enfermedad esta locura
de arrastrar un socavón de voces
cóncava depresión me manda el mundo
para trabar mi verba y la sin hueso.

La cháchara verbórrea y el susurro,
me marca Dionisio el hechicero
en vuelta y media anula el palabreo
y con un mal dado
                                     retoño al balbuceo.     
J

viernes, 29 de agosto de 2014

Hormigas

Caen las estatuas
en el campo de añil,                                                          
ya de invernadero,
ya global,
en la torre que crece,
en la mira que apunta.
El diseñador de la Babel
ha dicho cortante
que la altura lo domina
y tiene el control de las hormigas,
sobre lo que comemos,
sobre la nada sin sustancia,
sobre quienes somos.
Mandrágora del lobo
quiero saber quien no eres.
¿Desde cuando a los creadores de cumbres,
a los fundidores de armas,
les preocupa
las causas de la guerra?
No quiero inspirarme en su realidad
y sí en mi ficción.

sábado, 21 de junio de 2014

Felices vientos




Yo sólo cambio de humor cuando, ese viento que enloquece la razón, viene norteando.

Seguramente debe ser porque esa atrevida turbonada pretende borrar todas mis imágenes del pasado.

Tengo un problema personal con su forma de abrir sus fauces, mandarnos unos calores fulminantes y arrasar con la conciencia.

Al pasado puedo retenerlo en cuanto son imágenes que relampaguean, para dejar de ser vistas cuando la impertinencia del viento norte se pone celoso y agresivo.  Cuando ofusca el cielo y el amor.

Pero descubrí que puedo pelearle.  Entonces me dispongo a danzar esas rondas que me enseñaron los Mapuches.  Convocar a mis amigos.  Ahí, mis mandingas ventosos del Sur pampero me escuchan, se arremolinan, se levantan desde las entrañas montañosas, hinchan sus bocazas y soplan… soplan… soplan.

Ahí me vuelve tu mirada.  Aquellos ojos negros.

Retengo tu rostro de aquella noche de abril en que te conocí, empapada, saliendo de la tormenta. Y yo convocando a mis dioses paganos.

El Alisio es el verdugo de la muerte, pero la sudestada pampa no se le achica. Y los vientos disputan. Van y vuelven. Sacan sus sables. Llevan y traen. 
Finalmente se abrazan. 

Ahí vuelve la caricia de la Memoria. 
Ahí vuelves.

Juan Disante

jueves, 5 de junio de 2014

Nada


Sospechamos que dentro nuestro hay siluetas que nos atraviesan
con prontitud,
como ornamentación onírica,
breves, relampageantes.
A la loca de la casa la vemos cristal.
holgazaneamos con cien ojos en sus indicios
y esos figurones multiformes no dicen nada,
el por qué,
pero esquivas, se asocian con coyunturas exteriores,
hechuras históricas que las dictan y les da perfiles de los acontecimientos reales
de cada día,
rutinarios, domésticos, aburridos,
que las representan con entusiasmo, y que les prestamos mucha mayor atención.
Mientras sabemos que estos quiebres de nuestro interior memoria
y de nuestro exterior tangible existen,
creemos que entendemos algo del mundo circundante:  
que el que todas las mañanas se levanta para ponerse las medias y andar,
es el que vale;
mientras que aquél que da cabezazos de inventiva imaginativa está tratando de un vicio de envejecimiento, de levedad.
La partida superficial.
El quimerizante es el embocinado necio del pueblo.
Pero al final,
cuando ya no hay nada para explicarse,
cuando esa parte del río ya pasó y no vuelve,
cuando lo único que queda es el maquillaje del suceso real,
entonces todo es otro,
no queda nada nada.
Mejor no pensar en la disposición.
Todo… todo… es ausencia.   


lunes, 7 de abril de 2014

Hueso Hamlet

Pídele a la historia que detenga su marcha
Hamlet ya lo dijo todo
y no podemos ir más allá del hueso
donde los roedores repiten su furia.
Detiene tu espada con encarnadura
y percibe al fantasma que vuelve
a pedir reparación por su oído
por tanto ensueño perdido.
Suplica que muestren los cadáveres
que la intriga se esfume en la estela
que el mandato desarbole la codicia
que ese amor de los reinos esté yerto.
Recorta la radiante duda de los perplejos
atento a la grafía del frágil arrinconado
arrancado de su apocada clarinada raíz
acuciado a consumir el horario de su vida.
Anuncia que la pasión no dura siempre
y el abundamiento de opulencia que la sigue
sin que la letra pueda contra la espada
sin poder vencer sobre el plexo sacro error.
Acompaña al justo en el correr de los siglos.
al honor desnudo de la venganza                                                  
a la locura acusatoria de los desterrados
al dilema eterno de ser o dejar de serlo.

JUAN DISANTE - Buenos Aires

martes, 4 de marzo de 2014

El placer de la galería M D´Orsay



Una mañana de golondrinas y promesas
ya perdida en el tiempo, 
 en tan poco recorrido
aparecieron los chuscazos tras una vitrina,
noctámbulos,
picajosos y saltimbancos.
Nos preguntamos si liberarlos,
pero el caridoliente vigilant, eructó.
Entonces les abrimos las rejas que daban a los Champs Élisées
y nos escapamos corriendo hacia
Montparnasse
pasando por Saint Michel.
En el elegante café Deux Magots atropellamos una mesa,
y un chihuahua enmoñado de rojo,  chuzaba enojado
nuestras pantorrillas agotadas.
Nos perseguían cientos de tipos de mala digestión
y en un tris se sumaron más y más
a grito pelado.
Nos escondimos al abrigo de un agüjerito
en la Plaza de la Bastilla
y tronchados de risa
vimos pasar a miles de culos perdidos
gritando: “¡Vive la Liberté!”.

Juan Disante . Buenos Aires - Otoño 14

domingo, 2 de marzo de 2014

Respuestas


De las preguntas sin respuestas      
llegarán oleadas
de buenas a primera
mañana
tras mañana                                           
tras el toque final
tropelías
sin algún otro motivo
y querrás saber
de súbito
la totalidad sin mengua
el dislate de lo yermo.
Pero la monserga del rollo
te pedirá 
que desovilles
a un pretérito imperfecto
mustio y congelado
sordo y estrecho
origen mudo de todas las réplicas. 

   Plástica: Berni. "La mujer del sueter"
Poema: Juan Disante

sábado, 8 de febrero de 2014

Tupá, deidad del rayo


Los mitos y leyendas originarios echan luz con 
 mucho mayor brillo que la razón de los hombres.


Saga es la Diosa de la Historia y también es una senda. Si avanzamos en el camino hacia el pasado, encontramos que el de Tupá es la saga mitológica guaraní más sublime del continente, porque acertó en predecir el estrago ecológico incubado en el mundo actual.
Tupá, también conocido por Oreyerá o Ñamandurueté, es hacedor del bien, siendo el espíritu supremo del trueno, porque éste es Arasunú, en el cual Ara es el cielo, el alto firmamento por excelencia, y Sunú la onomatopeya del terrible retumbo del trueno. Osunú es el trueno bueno, pero la sabiduría guaraní entendía que todo ente tiene su contrario-asociado. Las dos mitades “necesarias”. ¡Que extrañamente zen y dialéctico! El concepto de nuestros primeros dioses apoyaban su pluma en una realidad divergente y, a la vez, concordante; en donde se necesitaban de las dos fuerzas para acrecentar la propia identidad: lo malo y lo bueno.
Entonces, de modo análogo y por oposición, existía Añá el dios del mal –asociado al mismo diablo– que se dedicaba a confrontar con su enemigoTupá y a hacerle la vida imposible, queriendo imponer las calamidades. Por eso el bueno de Tupá, apoyado en las fuerzas naturales, salía a pelear contra la lógica de la linealidad y la villanía de Mandinga.
Entre los primitivos tupíes y los botocudos, el relámpago Ara-Berá oTupá Berá, era el Dios Tupí que se confundía con el cielo infinito y, usando el lenguaje de su brillo eléctrico, enseñaba a los humanos que debían cuidar la tierra como a sus propias vidas y les recomendaba no alterar la armonía vegetal, animal y mineral que los dioses habían otorgado en préstamo a los habitantes. El equilibrio natural era la mayor herencia a respetar y la depredación era sancionada con la respuesta de las fuerzas naturales. Además, debían de hacer oídos sordos a los ofrecimientos desleales de Añá, la deidad que sólo les ofrecería ignominia y “macanas”.
De todos los dioses americanos Tupá fue el que reinó sobre los territorios más vastos. Su imperio se extendía desde lo que hoy es la península de Florida, abarcando todo el litoral del Atlántico hasta el Río dela Plata. Su influencia era tan preponderante, que los pueblos querandíes, caribes, tupíes, guaraníes y charrúas eran adoradores fervorosos del Tupá. Ellos sabían que veneraban a un dios que, morando en las alturas montañosas, les había dado sobradas muestras de su altruismo y que (¡atención!), no sólo producía rayos, lluvias y vendavales, sino que en su furia ante las transgresiones de los hombres al medio ambiente, podía generar también terremotos.
Ninguna divinidad europea ni asiática ejerció un poderío más extenso que Tupá, pero los viejos sabios de las tribus habían escrito para las futuras generaciones que cuando llegara el santo sacerdote blanco desde muy lejos –y que haría alianza con Añá- comenzaría el crepúsculo del afable dios guaraní.
Y la profecía se cumplió: de más allá del océano vinieron los nuevos ocupantes y el dios del trueno fue vencido en muchas batallas por el soberbio Añangá Memby, la nueva personificación del desastre.
Curiosamente, los primeros jesuitas, que intentaron dirigir el culto aTupá (porque significaba el Principio del Bien), se encontraron a lo largo de sus catequesis, que no sólo significaba una superstición literaria del mito de Jaraparí, sino que el poder de las fuerzas naturales del bien estaba convocado, en cada cita, por singulares ritos y danzas que los originarios pobladores ejercían en los momentos de crisis.
Ya los evangelizadores europeos tampoco habían dado crédito a la existencia de Júpiter Tonante, el arremolinador de nubes de la Grecia de Zeus. ¡Qué error!
Hoy, siglo XXI, la más avanzada ciencia ha descubierto el papel fundamental que cumplen los relámpagos en el medio ambiente planetario. A su parecer, los huracanes son impulsados por la tala de bosques y actúan normando el eco sistema. Mientras que los rayos trabajan en forma directa sobre la ionización del magma, creando de esa manera nueva vida –llamada plasmacélulas- en su titánica y eterna lucha contra la devastación perseguida por el diabólico Añá.
Ese malmandado de Añá, que a veces gana batallas y a veces las pierde.

Juan Disante - "Glosar los rayos"

miércoles, 15 de enero de 2014

Querido Juan Gelman


OFICIO

Cuando al entrar al verso me disloco
o no cabe un adverbio y se me quiebra
toda la música, la forma mira
con su monstruoso rostro de abortado,
me duele el aire, sufro el sustantivo,
pienso qué bueno andar bajo los arboles
o ser picapedrero o ser gorrión
y preocuparse por el nido y la
gorriona y los pichones, sí,qué bueno,
quién me manda meterme, endecasílabo, 
a cantar, quién me manda
agarrarme el cerebro con las manos,
el corazón con verbos, la camisa
a dos puntas y exprimirme,
quién me manda, te digo, siendo juan,
un juan tan simple con sus pantalones,
sus amigotes, su trabajo y su
condenada costumbre de estar vivo,
quién me manda andar grávido de frases,
calzar sombrero imaginario, ir
a esperar una rima en esa esquina
como un novio puntual y desdichado,
quién me manda pelear con la gramática,
maldecirme de noche, rechinar
fieramente, negarme, renegar,
gemir, llorar, qué bueno está el gorrión
con su gorriona, sus pichones y 
su nido, su capricho de ser gris,
o ser picapedrero, óigame amigo, 
cambio sueños y música y versos
por una pica, pala y carretilla.
Con una condición:
                             déjeme un poco
de este maldito gozo de cantar.

Autor: Juan Gelman
Extraído de su primer libro "Violín y otras cuestiones"