Diálogo con mi Otro

-- El Lenguaje es el camino y la Poesía el atajo.
-- ¿ Te parece que es así ?
-- Seguro. Pero, ¡atención! en el atajo nos encontramos con lo inesperado del sendero. Todo pedrusco tosco.
-- ¡Furtivo risco! Te agrego que el poema-travesía requiere de un esfuerzo descomunal para poder levantar el velo del horizonte.
-- Velo... velo... rugoso acre. Nos obliga a revisitar todo de nuevo. Engendrar cordeles.
-- ¡ Reeducarnos ?
-- Si. Se espera siempre que la poesía desenvuelva aquello diferente que no está a la vista de lo que seduce la acción de los hombres.
-- ¿ De qué materia está hecha la seducción de los hombres ?
-- Se hace muy difícil percibirla. Seguramente, en una anómala época de improbidades, lo único que pueda salvarnos es abrir caminos con la poesía.
-- ¿ Volveremos a la senda de Homero ?
-- ¿¡... !?
.
.
.

POESÍA ESPECTRAL

Nos orienta, para la composición poética, a usar el más amplio espectro del discantar y la atrevida recién llegada voz del reflejo.
Más el formato, que la sumisa matriz.
Más el cómo de la armonía, que el qué de la melodía.
Más arquitectura vegetal, que materia rústica.
Ni gongorizar ni estar en la vena lugoneante del realismo residual
Hacia una quebradura doble de la palabra y la sintaxis en cautiverio.
La del sueño.
La de la dermis simbolizable.
La de los significantes indulgentes.
Algún día caerá la viruta impresionista de la forma,
y todo será refinado fundamento,
asunto,
luz.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Ché memoria

.
Debo confesarte lo inconfesable
esperarte al pie de lo eterno
enterrar lo susodicho
el hacha contra la ley
la insolente eufemia
el estruendo contra el hombre
la protesta contra el vómito

Necesito volver a pasar por tus horas
en algún sitio están los cuerpos
que desarticulan la esencia esdrújula de mi inclusión
las voces íntimas de la reconstrucción nos llaman
me hacen fuerte
la búsqueda de tanto hueso ahuecado
el antónimo de un olvido que ofende.

Si no te supiera frágil no te convocaría
si no fuera incompleta tu indigente escasez
la exigua tozudez de no convertirte en presente
tu vacilación frente a lo banal
tu incapacidad de agotar lo abominable por sí mismo
si no supiera que un hombre recordando
es todos los hombres.

En mi persistente forma de ser sólo humano
quiero volver a pasar por mis aprendidos genes
quedarme con nada en mis cuerpos
enseñarle la puerta al olvido
y que me ayudes a emerger por encima de los sueños
desenterrando mis certezas y miedos
para orillar tu continente de restos.

Te espero en gritos cada siglo
para salir de la noche de esos ojos.
Juan Disante.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Memoria - siglo XX



" Tan pronto algo terrible se pone en un contexto estético, se convierte en conmensurable.
Es el dilema de la escritura. "



Autor invitado: W.G. Sebald

(niños mineros)

sábado, 18 de septiembre de 2010

Patinando

Crecientemente, la población latinoamericana se desplaza en patines de dos ruedas.
Y los que miran, aparte de mirar, quieren intentar.
Visto desde abajo, los patinadores acometen un símbolo. Todo es forma.
Es así que los que miran, se empeñan por entender, pero no entienden.
Entonces los patinadores siguen patinando, hacen piruetas. Se ríen a carcajadas.
Por aquí, por allá, unos vientos los vienen, otros los van.
Los que no patinan quieren establecer normas.
Los unos acometen, los otros completen.
Los patines carecen de luces de giro, entonces esto aflora preocupación. Aflora.
Lo otro desaflora.
Esa pequeñísima gente, antes de comprar un chile o un celular, prefiere ahorrar y apropiarse de patines.
Qué raro que le suena a algunos. Y resuena: “No tiene ninguna utilidad”.
Sólo permite desplazarse alrededor de las verdulerías y de los gerundios con cierta vivacidad.
El pasavolante dice: “Yo estoy por el cambio”. Y produce vaivenes con su figura.
Se inclina hacia un lado… luego hacia el otro, como en un vals. Yendo.
Y el grandísimo que mira no se pronuncia, dice hablar por las narices. Viniendo.
Y quiere aprender a empujar el pie derecho contra el piso. Pero le preocupa el choque.
“Las colisiones son fatales”.
De alguna manera, los patinadores desandan veredas y quieren ocupar las andaduras.
Y es sabido que con poco esfuerzo, hacen un mundo.
Conforme al uso, se comprometen con lo incierto, las traducciones y el compromiso.
"Se ci guardiamo, ci vediamo". (Si nos miramos, nos vemos).
La velocidad enloquece. Por ello el patinador circula cadencioso, desempedrando las calles.
A mediana prisa.
Y los automovilistas que pasan como una bala en dirección a sus oficinas, frenan de golpe, estiran su cuello y observan al patinador que no utiliza naftas especiales, ni tiene frenos.
Fundadores al paso, sólo desenfrenos.
Y ven con preocupación que cada día son más.
Los que patinan son amantes de los errores, los ceros y de algo opíparo.
Los que miran se hacen cruces.
Mientras, un matrimonio con sus dos hijos, compran pochoclo y entran todos a un cine
en patines de dos ruedas.
Juan Disante
.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Hay que suponer

Supongamos que usted una mañana se despierte,

se siente al borde de la cama,

se mire el cuerpo,

se estire como un gato

y apretando el riñón con su índice,

diga bueeéh…!

Supongamos que una mañana usted se despierte…

poeta.

Supongamos.

Que deposite una gota de esternón

sublingual,

estire el regreso de un deseo,

y frente al ingreso ventanal del sol,

se hamaque.

Que levante las cuatro sotas que dejó tiradas anoche,

le recorte los tacones,

y al periódico del día lo salpique

con matecocido y porfía.

Que le den ganas de dibujar bocas y zapatillas,

dejar escapar todos los adjetivos por las mirillas,

perseguir en paños menores a la metáfora menor

por toda la casa.

Que de repente se le aparezca la letra jota

minúscula,

y aquella vieja historia de la música,

secrete.

Que los sedimentos sedimenten,

los nutrientes refrigeren,

los amores platonicen,

los perdedores ironicen.

Digamos, que a usted no le interese más otra cosa

que la semilla,

el desentono,

quebrar el semen.

Querrá fatigar el suburbio

si devino poesía,

resoplar su potrillo.

Vamos a suponer que sale a la calle en puntas de pié,

que salude cortésmente a una señora con sombrero.

“Buon giorno”

y en vez de una flor le obsequie un soliloquio.

Digamos que a por los años felices,

por un momento supongamos

que al doblar la esquina del buzón

vienen a su encuentro Alejandra Pizarnik del brazo de

Julio Cortázar,

lo besen como a un viejo cómplice

y se vayan los tres abrazados hasta la última mesa

de un bodegón malhablado

a describir, muertos de risa,

el rechinar de los pecados

que pasan

en fila india… uno a uno.


Piénselo.

Una mañana desatinada

usted debería suponer.

Juan

(Me preguntaron cómo es la nueva poesía simbolista)
.