Diálogo con mi Otro

-- El Lenguaje es el camino y la Poesía el atajo.
-- ¿ Te parece que es así ?
-- Seguro. Pero, ¡atención! en el atajo nos encontramos con lo inesperado del sendero. Todo pedrusco tosco.
-- ¡Furtivo risco! Te agrego que el poema-travesía requiere de un esfuerzo descomunal para poder levantar el velo del horizonte.
-- Velo... velo... rugoso acre. Nos obliga a revisitar todo de nuevo. Engendrar cordeles.
-- ¡ Reeducarnos ?
-- Si. Se espera siempre que la poesía desenvuelva aquello diferente que no está a la vista de lo que seduce la acción de los hombres.
-- ¿ De qué materia está hecha la seducción de los hombres ?
-- Se hace muy difícil percibirla. Seguramente, en una anómala época de improbidades, lo único que pueda salvarnos es abrir caminos con la poesía.
-- ¿ Volveremos a la senda de Homero ?
-- ¿¡... !?
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POESÍA ESPECTRAL

Nos orienta, para la composición poética, a usar el más amplio espectro del discantar y la atrevida recién llegada voz del reflejo.
Más el formato, que la sumisa matriz.
Más el cómo de la armonía, que el qué de la melodía.
Más arquitectura vegetal, que materia rústica.
Ni gongorizar ni estar en la vena lugoneante del realismo residual
Hacia una quebradura doble de la palabra y la sintaxis en cautiverio.
La del sueño.
La de la dermis simbolizable.
La de los significantes indulgentes.
Algún día caerá la viruta impresionista de la forma,
y todo será refinado fundamento,
asunto,
luz.

sábado, 21 de junio de 2014

Felices vientos




Yo sólo cambio de humor cuando, ese viento que enloquece la razón, viene norteando.

Seguramente debe ser porque esa atrevida turbonada pretende borrar todas mis imágenes del pasado.

Tengo un problema personal con su forma de abrir sus fauces, mandarnos unos calores fulminantes y arrasar con la conciencia.

Al pasado puedo retenerlo en cuanto son imágenes que relampaguean, para dejar de ser vistas cuando la impertinencia del viento norte se pone celoso y agresivo.  Cuando ofusca el cielo y el amor.

Pero descubrí que puedo pelearle.  Entonces me dispongo a danzar esas rondas que me enseñaron los Mapuches.  Convocar a mis amigos.  Ahí, mis mandingas ventosos del Sur pampero me escuchan, se arremolinan, se levantan desde las entrañas montañosas, hinchan sus bocazas y soplan… soplan… soplan.

Ahí me vuelve tu mirada.  Aquellos ojos negros.

Retengo tu rostro de aquella noche de abril en que te conocí, empapada, saliendo de la tormenta. Y yo convocando a mis dioses paganos.

El Alisio es el verdugo de la muerte, pero la sudestada pampa no se le achica. Y los vientos disputan. Van y vuelven. Sacan sus sables. Llevan y traen. 
Finalmente se abrazan. 

Ahí vuelve la caricia de la Memoria. 
Ahí vuelves.

Juan Disante

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