Diálogo con mi Otro

-- El Lenguaje es el camino y la Poesía el atajo.
-- ¿ Te parece que es así ?
-- Seguro. Pero, ¡atención! en el atajo nos encontramos con lo inesperado del sendero. Todo pedrusco tosco.
-- ¡Furtivo risco! Te agrego que el poema-travesía requiere de un esfuerzo descomunal para poder levantar el velo del horizonte.
-- Velo... velo... rugoso acre. Nos obliga a revisitar todo de nuevo. Engendrar cordeles.
-- ¡ Reeducarnos ?
-- Si. Se espera siempre que la poesía desenvuelva aquello diferente que no está a la vista de lo que seduce la acción de los hombres.
-- ¿ De qué materia está hecha la seducción de los hombres ?
-- Se hace muy difícil percibirla. Seguramente, en una anómala época de improbidades, lo único que pueda salvarnos es abrir caminos con la poesía.
-- ¿ Volveremos a la senda de Homero ?
-- ¿¡... !?
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POESÍA ESPECTRAL

Nos orienta, para la composición poética, a usar el más amplio espectro del discantar y la atrevida recién llegada voz del reflejo.
Más el formato, que la sumisa matriz.
Más el cómo de la armonía, que el qué de la melodía.
Más arquitectura vegetal, que materia rústica.
Ni gongorizar ni estar en la vena lugoneante del realismo residual
Hacia una quebradura doble de la palabra y la sintaxis en cautiverio.
La del sueño.
La de la dermis simbolizable.
La de los significantes indulgentes.
Algún día caerá la viruta impresionista de la forma,
y todo será refinado fundamento,
asunto,
luz.

sábado, 31 de julio de 2010

Antes hoy que mañana


Tú tienes que ver la cortina de mi amanecer
si estás despierta,
el tardío abandono del ajamiento,
y el vuelo de tu imaginación
que hace crecer mis alas
de aquellos raptos deshabitados.

Mis cadenas,
tus ventanas,
el ir y venir de mis formas,
tu verbena.

Mira apenas,
si estás despierta.


Juan D

domingo, 18 de julio de 2010

Duermevela


cuando callo camino al sueño
al paso encuentro
mi duermevela

que sean potros
aguilas
o simplemente erizos
.
se dispara mi pluma
mi libertad
mi sexo
.
Y cuando vuelvo
hay cuando vuelvo
vuelve la gramática
ya no puedo
allá quedó mi niño
ya no puedo
Juan D
.

viernes, 16 de julio de 2010

Voz


Sé que me gustó imaginar tu voz
aquella antigua
sin tiempo
creyendo en ella
qué otra cosa pude hacer
que escucharla al trasluz
divisar una acústica sin vuelo
rodeada de sinónimos
qué cosas pude prever
en la sinceridad de homónimos
construídos con lengua materna
arrullado
en el más común de los sentidos
escuché decir lo grave
de verdades vacías
sobrevenidas del decir
explicando el tacto
la piel
supe de algo que dirime cosas encontradas
para quedarnos ambos
sin voz
sin voces que intentaran la palabra
para apenar esta caída

Juan Disante

viernes, 9 de julio de 2010

La Pomeña

La Pomeña con sus cabras pastando

Eulogia Tapia es una coplera que actualmente vive en un puesto de campo en La Poma, al norte de Salta. Detrás de sus ojos hay un recuerdo y detrás de esa zamba, una entrañable historia que un lejano día vivió.
Aquella vez, sobre el filo del carnaval, en el boliche "La flor del pago" en una mesa disfrutando de un vinito estaba Manuel Castilla. Cuando en ese momento entró Eulogia con su caja bajo el brazo, su cara salpicada de harina y sus diezysiete jugleros años. Y entonces empezó el contrapunto con Manuel en un ir y venir de coplas donde todo era poesía. Un diálogo musical donde debería ganar quien no perdía inspiración. De esa forma, y mientras pasaban las horas y llegaba la nohe, sacaron todo su ingenio de adentro, hasta que Castilla "no tuvo más que decir", según atestigua el cantinero.
En el contrapunto había triunfado Eulogia.
Bajo la mirada atónita del poeta la joven pomeña salió por la puerta para desatar su caballo rumbo "a las casas". No sea que el padre "me sorprenda en el boliche".
Al día siguiente, Castilla que no había asumido su derrota, fue a buscar a Eulogia a su rancho, en donde fue muy mal recibido por su padre don Joaquín "que era más bravo que el cardón".
Como al tiempo, frente a dos vinitos, Manuel Castilla junto al "Cuchi", terminaban la zamba, un verdadero himno salteño cantado en toda América.
Hoy Eulogia, de avanzada edad, se convirtió en una leyenda que deambula por los caminos del norte. Y a pesar de la popularidad de su nombre sus cosas no han cambiado. Cada mañana, apenas asoma el sol, ella sale de su humilde rancho de adobe para ordeñar sus cabras y seguir cortando el trigo de su pan. Llegado el mediodía, saca unas hojitas de coca de su bolsillo y matea con su marido, mientras trata de encontrar un nuevo secreto en las flores de alfalfa que cubren su territorio.


Eulogia Tapia en La Poma
al aire da su ternura
Si pasa sobre la arena
iba pisando la luna

El trigo que va cortando
madura por su cintura
Mirando flores de alfalfa
sus ojos negros se azulan

El sauce de tu casa
te está llorando
porque te roban Eulogia
carnavaleando

La cara se le enharina
la sombra se le enarena
Cantando y desencantando
se le entreveran las penas

Viene en un caballo blanco
la caja en sus manos tiembla
y cuando se hunde en la noche
es una dalia morena


AUTORES INVITADOS: Manuel J. Castilla y Gustavo "Cuchi" Leguizamón
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lunes, 5 de julio de 2010

El mercado


a mi me gusta el mercado
porque puedo ver los ojos del tomate
y tocar con los míos las agallas del pescado
beberme los precios como una cerveza
a la hora de la golilla
.
probar el queso como no la hace la vaca

me gusta el mercado
porque quien vende las cebollas
tiene una mirada de pepino tierno

y la piel del carnicero es sensible al bolsillo

me gusta el mercado
porque una sonrisa vale más que toda la
mercancía
y el contacto con la gente
es lo más fresco para mi despensa
.
Autor invitado: Jaime Ramos de la República Bolivariana de Venezuela
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sábado, 3 de julio de 2010

Cifra


Cuando escribo siento el riesgo de estar flotando encima de un abismo y a punto de caer.

Esto de escribir siempre es un riesgo. Scriptum. Escritor. Escribiente. Escrutador. Escrachador.
Escribas eran los clérigos de la edad media que escribían documentos por encargo. Cursitores.

Trabajaban también en los monasterios medievales los monjes amanuenses, llamados “iluminadores”, pero siempre lo hacían para otros.

Todos ellos eran subscriptores porque subscribían a algo preestablecido. Pero con el renacimiento llegaron los que creaban algo de la nada.

En España se les llamaba chupatintas o apuntadores a los primeros, y memorialistas a los que llegaron luego para trabajar con su propia evocación.

Plasmaban en la hoja en blanco la ideografía que surgía “al correr de la plumada”. Manuscribir.
Una sagaz definición sobre el escritor que suele encontrarse en “El Rastro” de Madrid, afirma que es “aquel que llena los blancos en las renglonaduras”. Hermosa, porque habla de aquel que pone ideas en los vacíos de la vida.

Pero es necesario defender la más sublime definición que utiliza Borges: Cifrador. Porque “cifrar” nos da exactamente la literaria idea de plasmar y traducir símbolos que son pensamientos. Significados y significantes. ¿Tendrá alguna relación La Cifra, esa canción pampeana cantada a contrapunto que proviene de Andalucía, con coplas acompañadas de guitarras?
En su inequívoca pasión por defender la lengua como parte de la nacionalidad, en Granada se puede asistir a una Universidad de Interpretación. En medio de la envidia, uno llega a pensar que sí, que escribir es interpretar; que escribir no sólo es la buena redacción, sino principalmente la cabal estética de contar ideas. Y quiéralo o no, la estética es siempre singular de cada individuo, y por lo tanto, no puede enseñarse, sino que cada borrico debe aprenderla por sus propios medios.

Así como no puede decírsele a un pintor cómo debe pintar un espejo, tampoco se le puede enseñar a Alicia, “en el país de la maravillas”, cómo atravesarlo.
Si bien el oficio de cifrar, puede llegar a tener un costado de vicio contraído, la impotencia del ágrafo no le va en zaga, si de vicios hablamos. En la lectura está el secreto. Lo mejor es ser un buen lector antes que un escritor.

Vamos a precisar: mejor que ser un escritor que lee, es mejor ser un lector que escribe. Pero, entre ambos, sobrevuela siempre la vanidad, esa funesta jactancia. Si hablamos de la profundidad de la ideas escritas, convendría decir que la vanidad tiende a cerrar las heridas y su dolor, mientras que la escritura con modestia, que es la de la celebridad, quiere mantenerlas bien abiertas. Tal vez para permitirnos la motivación principal de la substancia. Es como un tango. La permanencia del dolor. Escuchamos siempre el mismo tango y no nos cansamos de oírlo. “Por ser bueno, me afanaste el mercadito, me dejaste en la miseria, te llevaste hasta el colchón. Chooorra, vos tu vieja y tu papá”. Este es un personaje de un melodrama que está viajando hacia el desgarro, porque para completarla, hunde un dedo en su herida, en su yo, para que no cierre nunca y hacerse culpable de todo: “…y lo que más bronca me da es haber sido tan gil”.
Muchos escriben para cerrar las heridas, mientras que otros lo hacen para que sigan abiertas, para recordar su queja y no perder la memoria de lo mustio.

Aprendieron que mejor que encontrar veraces respuestas, es mejor sostener el plañidero lamento de las incertidumbres.
Juan D
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