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En elaboración, hasta que pueda desocuparme y termine de medir el caudal de significantes que corre por las cañerías. Contacto: juansoloideas@gmail.com

Octavio Paz

"El poema es un espacio cargado de inminencia, una parvada de signos que buscan su significado. Y la nueva poesía será de la otredad, una poesía en la que se juega una percepción simultánea de que somos otros sin dejar de ser lo que somos y que, sin cesar de estar donde estamos, nuestro verdadero ser está en otra parte".

El Otro

Lacan dice que la constitución del cuerpo depende del Otro. Es a partir de la relación con el Otro primordial que se constituye el cuerpo del niño. El otro, al mismo tiempo que lo confronta con su imagen, le dice por ejemplo: "Tenés los ojos de tu padre".
Esos significantes pronunciados por los padres se ligan a su imagen y se incorporan a la identidad que el niño asume.
La identificación simbólica impide que el niño quede atrapado en el mundo imaginario.

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¿Literatura autista-verbosa?


Jacques Lacan sorprende cuando indica que no es el mutismo lo que le parece lo más sorprendente entre los autistas, sino la verborrea. Ni siquiera se trata de una observación clínica, cuya pertinencia no se dudaría, sino de la orientación esencial para abordar la especificidad de un tipo clínico original. ¿Qué es la verborrea? Sino un uso de la lengua de donde la enunciación se ausentó. Ahora bien, la enunciación inscribe el goce vocal en el campo del lenguaje. La voz como objeto pulsional no es la sonoridad de la palabra [voz], sino la manifestación en el decir del ser del sujeto.Es una constante mayor del funcionamiento autístico el protegerse de toda emergencia angustiosa del objeto voz. De la suya propia, por la verborrea o el mutismo, de la del Otro, por el evitamiento de la interlocución. El autista es un sujeto que se caracteriza por no haber incorporado el objeto vocal que soporta la identificación primordial, resulta de eso una carencia de Sí, en su función representativa del sujeto. Cuando el goce del viviente no se cifra en el significante, la manifestación clínica más manifiesta, subrayada por todos los autistas de alto nivel, reside en una escisión dolorosa entre los afectos y el intelecto. Las otras características del cuadro clínico son algunas de las consecuencias.
La representación más difundida autista es efectivamente la de un ser mudo, de modo que Lacan sorprende, con ocasión de una de sus raras indicaciones concernientes a estos sujetos, calificándolos de "verbosos": "Qué le cueste entender [escuchar], dar su alcance a lo que dicen, no impide que sean personajes más bien verbosos”

psicologia

Diálogo con mi Otro

-- El Lenguaje es el camino y la Poesía el atajo.
-- ¿ Te parece que es así ?
-- Seguro. Pero, ¡atención! en el atajo nos encontramos con lo inesperado del sendero. Todo pedrusco tosco.
-- ¡Furtivo risco! Te agrego que el poema-travesía requiere de un esfuerzo descomunal para poder levantar el velo del horizonte.
-- Velo... velo... rugoso acre. Nos obliga a revisitar todo de nuevo. Engendrar cordeles.
-- ¡ Reeducarnos ?
-- Si. Se espera siempre que la poesía desenvuelva aquello diferente que no está a la vista de lo que seduce la acción de los hombres.
-- ¿ De qué materia está hecha la seducción de los hombres ?
-- Se hace muy difícil percibirla. Seguramente, en una anómala época de improbidades, lo único que pueda salvarnos es abrir caminos con la poesía.
-- ¿ Volveremos a la senda de Homero ?
-- ¿¡... !?
.
.
.

POESÍA ESPECTRAL

Nos orienta, para la composición poética, a usar el más amplio espectro del discantar y la atrevida recién llegada voz del reflejo.
Más el formato, que la sumisa matriz.
Más el cómo de la armonía, que el qué de la melodía.
Más arquitectura vegetal, que materia rústica.
Ni gongorizar ni estar en la vena lugoneante del realismo residual
Hacia una quebradura doble de la palabra y la sintaxis en cautiverio.
La del sueño.
La de la dermis simbolizable.
La de los significantes indulgentes.
Algún día caerá la viruta impresionista de la forma,
y todo será refinado fundamento,
asunto,
luz.

martes, 4 de marzo de 2014

El placer de la galería M D´Orsay



Una mañana de golondrinas y promesas
ya perdida en el tiempo, 
 en tan poco recorrido
aparecieron los chuscazos tras una vitrina,
noctámbulos,
picajosos y saltimbancos.
Nos preguntamos si liberarlos,
pero el caridoliente vigilant, eructó.
Entonces les abrimos las rejas que daban a los Champs Élisées
y nos escapamos corriendo hacia
Montparnasse
pasando por Saint Michel.
En el elegante café Deux Magots atropellamos una mesa,
y un chihuahua enmoñado de rojo,  chuzaba enojado
nuestras pantorrillas agotadas.
Nos perseguían cientos de tipos de mala digestión
y en un tris se sumaron más y más
a grito pelado.
Nos escondimos al abrigo de un agüjerito
en la Plaza de la Bastilla
y tronchados de risa
vimos pasar a miles de culos perdidos
gritando: “¡Vive la Liberté!”.

Juan Disante . Buenos Aires - Otoño 14

domingo, 2 de marzo de 2014

Respuestas


De las preguntas sin respuestas      
llegarán oleadas
de buenas a primera
mañana
tras mañana                                           
tras el toque final
tropelías
sin algún otro motivo
y querrás saber
de súbito
la totalidad sin mengua
el dislate de lo yermo.
Pero la monserga del rollo
te pedirá 
que desovilles
a un pretérito imperfecto
mustio y congelado
sordo y estrecho
origen mudo de todas las réplicas. 

   Plástica: Berni. "La mujer del sueter"
Poema: Juan Disante

sábado, 8 de febrero de 2014

Tupá, deidad del rayo


Los mitos y leyendas originarios echan luz con 
 mucho mayor brillo que la razón de los hombres.


Saga es la Diosa de la Historia y también es una senda. Si avanzamos en el camino hacia el pasado, encontramos que el de Tupá es la saga mitológica guaraní más sublime del continente, porque acertó en predecir el estrago ecológico incubado en el mundo actual.
Tupá, también conocido por Oreyerá o Ñamandurueté, es hacedor del bien, siendo el espíritu supremo del trueno, porque éste es Arasunú, en el cual Ara es el cielo, el alto firmamento por excelencia, y Sunú la onomatopeya del terrible retumbo del trueno. Osunú es el trueno bueno, pero la sabiduría guaraní entendía que todo ente tiene su contrario-asociado. Las dos mitades “necesarias”. ¡Que extrañamente zen y dialéctico! El concepto de nuestros primeros dioses apoyaban su pluma en una realidad divergente y, a la vez, concordante; en donde se necesitaban de las dos fuerzas para acrecentar la propia identidad: lo malo y lo bueno.
Entonces, de modo análogo y por oposición, existía Añá el dios del mal –asociado al mismo diablo– que se dedicaba a confrontar con su enemigoTupá y a hacerle la vida imposible, queriendo imponer las calamidades. Por eso el bueno de Tupá, apoyado en las fuerzas naturales, salía a pelear contra la lógica de la linealidad y la villanía de Mandinga.
Entre los primitivos tupíes y los botocudos, el relámpago Ara-Berá oTupá Berá, era el Dios Tupí que se confundía con el cielo infinito y, usando el lenguaje de su brillo eléctrico, enseñaba a los humanos que debían cuidar la tierra como a sus propias vidas y les recomendaba no alterar la armonía vegetal, animal y mineral que los dioses habían otorgado en préstamo a los habitantes. El equilibrio natural era la mayor herencia a respetar y la depredación era sancionada con la respuesta de las fuerzas naturales. Además, debían de hacer oídos sordos a los ofrecimientos desleales de Añá, la deidad que sólo les ofrecería ignominia y “macanas”.
De todos los dioses americanos Tupá fue el que reinó sobre los territorios más vastos. Su imperio se extendía desde lo que hoy es la península de Florida, abarcando todo el litoral del Atlántico hasta el Río dela Plata. Su influencia era tan preponderante, que los pueblos querandíes, caribes, tupíes, guaraníes y charrúas eran adoradores fervorosos del Tupá. Ellos sabían que veneraban a un dios que, morando en las alturas montañosas, les había dado sobradas muestras de su altruismo y que (¡atención!), no sólo producía rayos, lluvias y vendavales, sino que en su furia ante las transgresiones de los hombres al medio ambiente, podía generar también terremotos.
Ninguna divinidad europea ni asiática ejerció un poderío más extenso que Tupá, pero los viejos sabios de las tribus habían escrito para las futuras generaciones que cuando llegara el santo sacerdote blanco desde muy lejos –y que haría alianza con Añá- comenzaría el crepúsculo del afable dios guaraní.
Y la profecía se cumplió: de más allá del océano vinieron los nuevos ocupantes y el dios del trueno fue vencido en muchas batallas por el soberbio Añangá Memby, la nueva personificación del desastre.
Curiosamente, los primeros jesuitas, que intentaron dirigir el culto aTupá (porque significaba el Principio del Bien), se encontraron a lo largo de sus catequesis, que no sólo significaba una superstición literaria del mito de Jaraparí, sino que el poder de las fuerzas naturales del bien estaba convocado, en cada cita, por singulares ritos y danzas que los originarios pobladores ejercían en los momentos de crisis.
Ya los evangelizadores europeos tampoco habían dado crédito a la existencia de Júpiter Tonante, el arremolinador de nubes de la Grecia de Zeus. ¡Qué error!
Hoy, siglo XXI, la más avanzada ciencia ha descubierto el papel fundamental que cumplen los relámpagos en el medio ambiente planetario. A su parecer, los huracanes son impulsados por la tala de bosques y actúan normando el eco sistema. Mientras que los rayos trabajan en forma directa sobre la ionización del magma, creando de esa manera nueva vida –llamada plasmacélulas- en su titánica y eterna lucha contra la devastación perseguida por el diabólico Añá.
Ese malmandado de Añá, que a veces gana batallas y a veces las pierde.

Juan Disante - "Glosar los rayos"

sábado, 7 de diciembre de 2013

Florida, o la fuerza de regalar oxígeno


Vicente López se dibuja como la descontaminación de la gran urbe de Buenos Aires.
Pero los más grandes valores, se profundizan y afirman en la paz del pequeño barrio de Florida, donde las antiguas casitas de tejas se envuelven en un ramaje de verdes de todos los matices. Sus calles son verdaderas galerías cubiertas de follaje a lo lejos, hasta donde no da la vista.  
Nadie sabe aún cuál es la entrada al barrio de Florida donde el oxigeno  sigue siendo emperador, pero, para su orientación, un arquitecto genial ha tenido la idea de instalar, con sólo maderas, dos preciosas estaciones de ferrocarril.
La ciudad sigue oculta para todos aquellos descreídos y burlones, pero para los otros que ofrecen su corazón y se animan a atravesar ese escondido laberinto de la tranquilidad, se muestra generosa. Entonces se puede descubrir una visión que no defraudará las ilusiones más románticas: pequeños castillos coloniales, con fosos y atalayas; algunas capillas con intensiones góticas; antiguas peluquerías en donde todavía se calientan las toallas para aflojar la barba de los clientes; ciertas calles donde aún los chicos arman competencias y las chicas dejan marcada en la calzada la rayuela de Cortázar.
Reflejo de aquella creciente curiosidad por Florida fue la visita de ese porteño rarísimo que un día vino a preguntar cuáles eran los mejores días para encontrarse con esos misterios que  le adelantábamos. Entonces le dije:
--  Vea, la única posibilidad es que usted se proponga recorrerla un domingo de sol por la mañana. Abandone la procacidad de las grandes avenidas. Comience desde A. del Valle y Maipú hacia el oeste, lejos del efectismo de Olivos. Allí va a encontrarse con cafesuchos que pueden ofrecerle la mayor variedad de jugo de frutas con chipá. El cantinero se va a sentar a su lado para “hacerle pata” y escuchar sus cuitas. La tertulia de hombres contando mentiras. Se va a cruzar con las bibliotecas mejor montadas. Donde hace años existía una librería o biblioteca, hoy hay tres.  Con plazas en donde la gramilla sigue saliendo entre las baldosas y con algún libro de poemas olvidado en el banco centenario. El único busto de García Lorca de todo el País, la casa museo de varios escultores y pintores. Las aglomeraciones de glicinas en la calle del pecado. Alguna  parejita de enamorados, con el prurito de ocultarle las nuevas y secretas formas del amor en Florida. Los domingos, los fogosos floridenses muestran deseos sin fin, su voluntad de apoderamiento del paisaje crece, para luego deshacerse como la espuma, como una  promesa de estudiantes. 
En la calle Haedo 1683 va a admirar la vetusta y gallarda casa de Vito Dumas, el navegante tan solitario, que fue olvidado por todas las autoridades. La casa de la esquina Liniers y del Valle donde tuvo lugar la famosa reunión en los años veinte con los más reconocidos escritores y artistas de aquella época. En donde Horacio Quiroga acosó a Alfonsina Storni para que lo acompañara al Chaco, mientras Quinquela Martín le decía a Alfonsina que no le haga caso a ese loco desenfrenado.
Lugar de artistas y escritores. Dormitorio de notables. Territorio de memoriosos.
Esto ya sería la Florida vieja y muy cerca del Teatro de Repertorio, se puede apreciar la casa del eterno vampiro Nathán Pinzón y detenerse a escuchar “Va pensiero…” desde alguna ventana: la obra más ambiciosa de Giuseppe Verdi, Nabucco.
Va a comenzar a comprender cuando sienta el aroma a café a la turca de “Las Cortaderas”. Y de paso, la caída de la banalidad en la plaza de los escultores frente a la estación J. B. Justo. Las esculturas se forman y se deshacen, conforme la gente las admire. Un adolescente que habla por celular como esperando una rumia o un fallo a sus inquietudes. El de la albañilería que pone ladrillo sobre ladrillo. No falta nada. La jovencita que implanta un brote de catalpa como rémora de su abuela quintera. Un campanudo zorzal y un enjuto danés ofrecen una disputa procaz.

María barre la vereda. La jubilada teje. El marido, sostiene una dilatada francachela con amigos.  
El sol parece resplandecer en el gran día. Es el momento del descubrimiento de Florida, la medida del hombre. En la esquina de Santa Rosa y O´Higgins nace la tan preciada soledad de un barrio, que como un pecador arrepentido, se deja  aprehender por el visitante. Algún desprevenido ciclista fracciona el panorama del gratificante retiro y se confunde en la lejanía. Mientras la última familia de sapitos furtivos resiste el lento avance del cemento que centrifuga el metacentro urbano. Claro, los teritos ya se retiraron.
Al doblar alguna esquina se encontrara con algún afilador soplando la escala elemental de su pegadiza zampoña sin siquiera intuir a Paganini. Tal vez no tenga ningún interés en afilar tijeras, sino difundir su censurado mensaje de no romper lanzas. Al llegar a la Quinta Trabucco es necesario abandonar todo preconcepto y no forzar la mirada. En un perchero del ingreso se puede colgar todo lo frívolo, toda la ubicuidad. En algunas de sus salas reina un silencio reparador, pero siempre rodeado de palabras que llegan desde un pasado hipnótico.  
Tal vez, lo maravilloso de los floridences que se vuelcan al sol,  se encuentre en lo intrascendente de sus caminatas domingueras. No hay nada de singular en gozar del propio barrio. Sólo verificar que los tilos, los naranjos y los jacintos sigan allí. Sin novedades. Sin nada para destacar. Todo ese conglomerado de mil puertas entornadas, con ritmo de pasos lentos y despreocupados, no se olvida que a pocas cuadras lo espera la ribera de aguas leoninas, después de la pasta del mediodía.         
Siente el artista su ciudad, su contorno, la historia de sus casas, sus chismes, los secretos que se inician, las leyendas que se van extinguiendo por el cansancio de sus fantasmas. Cuando se avanza por la calle Warnes hasta Melo aparece el sagrado silencio, pero acompañado por todos los silencios y por el canto de los pájaros. Ese aire llega con su risa de ángel nutricio y sobre los muros aparecen textos del Grupo Poético Floridense asentando sentencias como “Sin poesía no hay ciudad”. Brota la frase oportuna, la mitología freudiana, los colores rompientes de un graffiti populachero en los muros descascarados, los rasguidos de cuerdas trayendo la picardía de vaya a saber qué chacarera doble.  

A pesar de todos los tropiezos en el empedrado de siempre… Florida está pensando sin descanso en la poesía, en el éter, en la irrupción del árbol a flor de piel.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Del habla

.
Cuando el mundo empezó a dolerme
descubrí que la única respuesta era ser libre.
Me volví tan señaladamente impropio y distante
que mi mera existencia empezó a ser una acto
de transgresión para algunos
y hasta de subversión para otros.

Resultó
que todos
me miraban
como de desgobierno
cuando yo sólo hablaba de libertad.

Ahora, ellos elogian a los gritos
la transitada
¡ libertad !
Mientras regreso
de un fatídico exilio del verbo
desmenuzado
feroz.
J.D.

jueves, 31 de octubre de 2013

A Alfonsina

.
Muy pronto irrumpe la mar entera
presuntuosa grupa encrespa
enoja al verde azul
mientras dormita con medio ojo fiero
la mar cuando mora
acomete
no venera
da palabras
rinde torrenteros acentos
modorra abierta
atalaya descomedida a la necia calma.


No sé qué hace la mar cuando descansa
no conformista
sin preconceptos
el aluvión de su masa es del hombre
me puse a mirarla
y asustó mi nombre
anegó mi sobrecogimiento.

Tal vez algún día en Alfonsina
cierto
me haré a la mar
con la misma impunidad de la gaviota
quebrando versos
también la mar viene a cuento
su tribalismo
su emboscosa tormenta
su destemplado reflejo. 

Juan Disante - Villa Gesell

martes, 8 de octubre de 2013

Intro





Cuando vuelve sobre sí mismo
se repite el remolino que enturbia la raíz
entonces
cada átomo de la cosa
diverge
acontece
deviene epidermis
voz




JD

viernes, 23 de agosto de 2013

Cuna

.
Contingencia del izaje de letras
que deja serme
arriero o fuente
grúa o canal
sinsentido del paisaje
que permite anomalías
en mi retrato
agricultor o mercader
rapto de las musas o violonchelo
preludio o brote.

Busco tanto parecérmeles
que quisiera ser capturado
por gravosa alpha
trasegar hacia la luz
en la letra final está la cosa
está la nómada
cosa
en el signo remate
que no cesa
omega funda
principia
mece. 
Juan Disante / agosto / 13

sábado, 6 de julio de 2013

¿Esperaré el fin del solsticio?

.
¿De dónde viene ésta parálisis verbal
de no poder levantar el violín sobre el hombro?
decirle a quien escucha qué es lo que duele
a los escépticos de los agudos de dónde vengo
a los que están de paseo
dónde comienza cada espina
el hospedaje
todo está más claro cuando crecemos
lo que capta el oído entre corcheas
son los silencios entre causas
con bolsillos llenos de palabras
y la confusión de la realidad
nada es peor que éste bloqueo de meses
no escribiendo
ni asomando el hechizo del susurro
biensonante
tampoco decirlo en quichua
por eso de los encomenderos
revisando
controlando
parecemos molestos de nuestra cultura
y nos mostramos con ganas de vivir
desiluminados
tomados de las manos
deberíamos pararnos sobre las mesas
y esperar la baraja de oros
con espadas
con la esfera de los pechos de las madres
cualquiera sea el mensaje
estamos hechos de brumas
el desgano corroe la poesía
aunque siempre existe la memoria
los curanderos
las ganas de salvar el mundo
escuchando nuevos tintineos
rasguidos
con todo aquello.
Juan Disante - (brumas) 


  

sábado, 20 de abril de 2013

septiembreonce/73


.
a las víctimas insurrectas
per se
nos ata el otro
la pasta greda
“dejaré la moneda cuando cumpla
el mandato que  el pueblo me diera”
de tu íntimo endo
y quedarnos entre tu pregunta testante
aún somos un símbolo
resurrecto
redivivo
aun
impronunciable
de un exilio prolongado
alcanzando en días
biótico como lo que más
tú… mi… él…
                            socialismo poético

Juan Disante

viernes, 22 de marzo de 2013

A Primo Levi


... lo imperceptible
de querer ser
-preguntabas-
es desaparecer de la exposición
dejar de ser
así como así                                     
dejarse de haber
por la milenaria
vergüenza de ser hombre
por la transitada conclusión
de los crímenes
por el acostumbramiento
a la pólvora
                           por el retaceo ...
ansío lo ínfimo de mi permanencia.


Juan Disante - (Entrada del otoño)


sábado, 2 de marzo de 2013

¿Por qué cosechamos más razones que memoria?


.
Está el material 
donde se construye
que se va
que vuelve
se hace humedal 
se hace río
que fluye.

Nos esforzamos
la labramos en el surco
pero no la ejercitamos
la olvidamos
a ras de terrones
esperando que aparezca
sin vendimia
sin buenas a buenas.

Y ella sigue
no está separada de los cuerpos
busca la esperanza.
se cimenta piedra a piedra
se espiga
en cada horno del tiempo
a pesar de todo ello.
Juan  Disante
Buenos Aires

domingo, 10 de febrero de 2013

Mi toro negro



Con cuanto susurro me abandono
destejiendo mi toro a toro por si cuenta
si voy a perseguir sus pasos y su gruño
sin olvidar su apariencia
tan presente su espuma de nervios
y el toro que me abruma y me retiene
si voy a recuperarlo por los bordes
no olvidaré su intolerancia
su desatada vanidad por la tierra
si recorriera el negro pelaje de su tino
el franco mirar de su negrura
su negra epidermis negra negra
iré al desecho con el toro que me abraza
a Hernández mi Miguel que me contenga
a los cuernos de mi toro
su última topada su hierro
toro vil que tanto quiero
espero que tu cornada final sea tan cruel y presta
que me halle
que me postergue
en un arenal sin vueltas.

Ay memoria, ¡Ay!


Hay algo de impreciso en mi memoria                          
como un rústico marrón que me evapora.
Tal esa niebla que me irrita
tal el falso éter que me punza
tales las fijezas que me traman.

jueves, 7 de febrero de 2013

Gracias

Después de muchos días en que mi Blog se fue de paseo, y perdido quien sabe donde, nos hemos podido reencontrar y aquí estamos para seguir construyendo junto a los queridos lectores que nos siguen sin remedio y en forma obstinada (mi abuela decía emborricada).
Agradezco la reposición. Agradezco a mis amigos. Todo sea por la poesía, aquel modo del habla de tan poca utilidad, pero tan imprescindible para la vida.
 

domingo, 30 de diciembre de 2012

Muchas felicidades


-- La utopía está en el horizonte. Caminamos dos pasos y ella se aleja dos pasos. Y el horizonte se aleja diez pasos más allá.
-- Entonces, ¿para qué sirve la utopía? 
-- Para eso, sirve para caminar. 
Eduardo Galeano









sábado, 22 de diciembre de 2012

Cuarzo

.
El cuarzo no se fractura
en su enhiesto cuerpo fluye el equilibrio
que dona a nuestro sentir
la dureza del ónix me envuelve
el blanco como la gubia
que lo hiere
es granito como noble
es libre como de la tierra
es collar que envuelve tu cuello americano
que urge mi afán de Maya
que turba tu pasión lítica.

Se acumulan
se incrustan sus épocas
como capas
unas sobre otras
la memoria de cada era
se abrazan a sus trasparencias
distintas
universales.

El sol potencia su amatista energía
su lactancia meditante
sus estímulos que alejan del mal
cristal del desbloqueo
vibraciones del presentir topácico
prana universal
que apoya en mi chacra
(dos dedos debajo del corazón)
un instante diario
kristallos del aura
que proyecta en tu sien izquierda
(junto a tus trenzas)
el soplo de lo fecundo.

Ya sé que puede guardar secretos
hialina su luminiscencia astral
magma del hielo duro
pendular de sus culpas.
Lo he descubierto
serán de cuarzo diáfano los tiempos futuros
serán de un instante donde se reúnan todos los tiempos
y tu yo y mi tú tornarán fosilizados
eternos sílices.   
Juan Disante - 21/12/12
El día después.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Te diría

 
te diría lo ya dicho
la adversidad de la simetría
la huída de la línea
esa vieja cantinela
que me ha sido dada
en las vísperas de la derechura
donde no quise echar por el atajo
en tanto grito fue el pregón de la certeza
en cuanto aquello recto no era tu mirada
apenas lo tieso
por estas horas todo es ondulante
los huecos se atestan
las curvas y la bruma están por ello
descaminando el paso de mis celos
en cada rebeldía
en cada pliegue
destorcer mi vida
desalinear mi todo
cuando verso

                                                                                                                                                Juan Disante

sábado, 10 de noviembre de 2012

Palabras



Siempre me dio por coleccionar palabras.
Otros juntan estampillas, peinetones antiguos o corchos retocados. No es mi caso. 
A mí me subyugan determinadas palabras.
Me las voy encontrando por el camino.
A veces en la reflexión.
Y también las tropiezo en el mercado o en cualquiera de esas audiciones de radio donde el locutor las deja caer, y ahí quedan abandonadas y sin destino.
Ya tengo varios frascos llenos que ocupan toda la alacena del altillo. 
Y creo que voy a tener que habilitar otro lugar.
De vez en cuando, especialmente los domingos por la mañana en que toda mi familia duerme, doy vuelta los recipientes sobre una mesa y las reviso.
Las miro,
las huelo.
Las pongo a contraluz y las comparo.
Y siempre me las llevo al oído para escuchar sus cadencias cuando las agito.
Responden al tacto de bordonas singulares.
Al sesgo único de cada alma.  
Como “guaino”, que en realidad expresa un son musical pero que, al principio ya sonaba cadenciosa, conforme me dijo la señora que me la obsequió.
O como “abedul” que, por más que no quieran, fue el germen de todas las abedulinas, o si fuéramos más lejos, el abedular;
En todo caso por aquello que al principio fue sólo el verbo.
A algunas las fui descartando por frágiles, como “deleznable”, porque el sentido que me imprimió al comienzo, se da de patadas con el diccionario.
A decir verdad, suelo disfrutar con “tremolina”, que se las trae.
O “azafrán”, por su giro pajizo.
O con una difícil: “Cardamomo”.
También en un frasco tengo “Viracocha”. ¡Qué hechizo que posee! Sabe a dulce maíz… y a cierta confusión de los orígenes. De tal modo que, quizá algún día, todos los niños a quienes bautizaron Rodrigo, vuelvan a llamarse Viracocha.
¡Vaya a saber!
“Humo” es pingorotuda. Hay que mostrar eréctil los labios.
No es “ahumar” que ya es fatuo.
Pero, desde hace algún tiempo estoy obsesionado con una que me cargué y que, como a un endeblucho lechuguino, me tiene achichonado: “pliegue”. 
La boca, para poder mencionarla, tiene que horizontalizarse hacia los lóbulos en una línea perdida.
Hay que gesticular una reidora por las comisuras.
Hasta donde pude percibir, pliegue es el grácil sesgo de una imagen en la que la luz permite mostrar el claroscuro de sus formas.
Es ahí donde la vida puede apreciarse en toda su contiguidad, porque torna, rola, reaparece. 
Es el punto donde algo se ceña y estría.
Resulta un acaecer para cualquier mortal que desee volverse hacia sí, porque hubo una vez en que dudamos y fuimos débiles. 
Luego nos encontró la embriaguez del almibarado bies de la falda de siempre en busca de la bocamanga trashumante.

¡Qué objeto la palabra!
Las hay gracejas, taimadas, aprobantes.
También menuditas y chuscadas.
Cual misterio de la creación.
El habla.
El amor.
El regreso…
Pliegue… pliegue… pliegue…
Ji… ji… ji…         

Juan Disante